El racismo en la atención en salud constituye un determinante estructural que impacta de manera directa en la calidad, oportunidad y resultados de los servicios sanitarios en América Latina. Desde la perspectiva de la salud pública, no se trata únicamente de actos individuales de discriminación, sino de prácticas históricas e institucionales que reproducen desigualdades en el acceso, el diagnóstico y el tratamiento de poblaciones racializadas.
Estas dinámicas contribuyen a profundizar brechas en indicadores clave como la mortalidad materna, la salud infantil y la prevalencia de enfermedades crónicas, afectando de manera desproporcionada a comunidades indígenas, afrodescendientes y otros grupos en situación de vulnerabilidad.
Abordar el racismo en la atención en salud es, por tanto, una prioridad para avanzar hacia sistemas de salud más equitativos, inclusivos y culturalmente pertinentes. Reconocer y transformar estas prácticas no solo mejora la calidad de la atención, sino que también fortalece la confianza en los servicios de salud y contribuye al cumplimiento del derecho a la salud para todas las personas